La ansiedad del siglo XXI

450.000 millones de usuarios se quedaron este sábado pasado sin WhatsApp durante más de 3 horas. Jan Koum, fundador de la empresa, pidió disculpas públicamente y dijo que era un problema de sus servidores.

Esto ha sucedido, poco después de que Facebook anunciase la compra de la compañía por 19.000 millones de dolares. ¿Casualidad?

Me llamo Super Speed y si algo me gusta es la necesidad de acceder a información rápidamente, la ventaja de estar conectado en todo momento, pero WhatsApp (y demás apps de mensajería instantánea, véase Line, Telegram etc.) están empezando a cansarme, angustiarme y sobre todo, a tener una necesidad de responder a todo el mundo. Esto me genera ansiedad y creo que a muchas personas también.

El sábado pasado sufrí una liberación al saber que no iba a tener que estar pendiente de si alguien me escribía o tenía que contestar.

¿Nos hemos parado a pensar alguna vez la cantidad de miles de horas que pasamos conectados a estas aplicaciones de mensajería? Y lo que es más triste, se están olvidando las llamadas de teléfono.

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Pues hoy quiero lanzar un mensaje a favor de la personalidad de las comunicaciones, de hablar, comunicarte por teléfono y de dejar de invertir tanto tiempo en apps de mensajería. Una cosa no debe suplir a la otra, sino ser complementaria.

WhatsApp está bien, pero sin pasarse, y deberíamos acostumbrarnos a no tener que responder tan rápidamente a los mensajes que nos aparecen en la aplicación.

Como decían los griegos, la virtud está en el término medio, entre el exceso y el defecto.

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